El bombo y los millennials

La realidad de la Tauromaquia se percibe preocupante. Nos encontramos, por una parte, con el todopoderoso y cansino sector antitaurino que no ceja ni cejará en su empeño por desacreditar a una Tauromaquia que históricamente ha presumido de ir contracorriente, y por otro lado, no nos podemos olvidar de ello, nos encontramos inmersos en una sociedad de cambio constante. Lo que hasta ayer funcionaba, hoy adquiere otro cariz.

Nos encontramos en una sociedad en la que en un corto período de tiempo  ha cambiado la concepción de la política (atrás quedan caciques y el bipartidismo), se han conquistado nuevos territorios en materia de derechos y otros aspectos diferentes que no conviene ahora enumerar. Día a día se evidencia una mayor ruptura entre las generaciones anteriores y actuales y futuras, sobre todo, a raíz de la irrupción de las redes sociales, que todo lo conocen, y han – como tan de moda se ha puesto este concepto – “democratizado” la sociedad.

En una sociedad que avanza hacia mayores cotas de democracia, en una sociedad en la que se alcanzan nuevos derechos y se amplifica la voz de los derechos de los animales, la Tauromaquia no puede permitirse el lujo de quedarse estanca, no puede desoír la llamada del avance (siempre, por supuesto, sin modificar la liturgia).

La Tauromaquia debe centrarse en los públicos del hoy y del mañana, en los millenials (los nacidos entre 1985 y 1994) y, sobre todo, en los nuevos actores del futuro, la Generación Z, (nacidos de 1995 a 2010), que son, indudablemente los públicos que preservarán, promocionarán, defenderán la Tauromaquia en un futuro no muy lejano.

Para estas nuevas generaciones de ciudadanos, la generación más preparada y con mayores cotas de desempleo no se les convencerá por el camino de la imposición, del rechazo al mérito y al esfuerzo cuando ellos son, precisamente, bombardeados constantemente con ese mensaje. 

No captaremos un solo cliente en favor de la Tauromaquia de la generación que trabaja en el Mercadona siendo poseedor de dos carreras universitarias. 

La Tauromaquia debe acariciar y establecer un sistema objetivo que se fundamente en los valores de cualquier proceso selectivo: Igualdad, Mérito y Capacidad.

Igualdad de oportunidades: Un circuito, un escalafón en el que todos se enfrenten contra todos, toros y toreros, a lo largo de la temporada. Haciendo borrón y cuenta nueva al inicio de cada año.
Mérito: En la que se premie el desempeño en el albero, y no en los despachos. La contratación de un año deberá ser automática teniendo en cuenta el escalafón adquirido en el año anterior.
Capacidad: Ligada a la anterior, será el desempeño profesional el que determine quien es el triunfador de cada feria, por causas  tasadas y objetivas.

Es en esta realidad en la que el bombo se sustancia como elemento fundamental para la implantación de los tres valores superiores de la Tauromaquia del Siglo XXI

Una Tauromaquia en la que de verdad merezca la pena pagar toda una jornada de trabajo (8 horas: 50€ aprox.) por ver un espectáculo en el que por fin vuelva la competitividad, vuelvan los tercios de quites, vuelva el tercio de varas.

Por otra parte, estratégicamente vista desde el punto comunicativo, el establecimiento de un sistema con el bombo como elemento democratizador multiplica exponencialmente la aparición de rumores y noticias que ayudan para mantener en vilo al aficionado, crear nuevos contenidos y poder explotar la nueva realidad basada en la búsqueda de multitud de “clics”.

Bienvenido el “bombito”.

Cuando llegue el bombo, el de verdad, (un torero por puesto y a sorteo con las diferentes ganaderías) gritaremos el “¡larga vida!”

También puede gustarte...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *